por Fran Morrison
Una mujer joven que querÃa algo mas de lo que le daba su marido.
Tenia hermosos 28 años y sin embargo habÃa contraÃdo matrimonio con alguien que la superaba al menos en la mitad de la edad, el era un profesional de 43 años. El matrimonio tenia 3 hijos, ambos de escasos 5, 6 y 7 años. Paola, por su juventud, no tuvo mayor dificultad para conseguir que su esposo le permitiera continuar con sus estudios universitarios. Al fin de cuentas, por su edad y su figura, estaba completamente adaptada a la vida universitaria. El matrimonio vivÃa en Santiago (Chile) donde alquilaron un apartamento en un edificio que apenas constaba de seis similares. Su piso era el segundo y yo, para fortuna, llegue a vivir al primero. Siempre veÃa a Paola salir de su vivienda. La saludaba aunque éramos escasamente conocidos, pero su figura no pasaba fácilmente inadvertida para un hombre.
TenÃa un hermoso cabello lacio, largo, que le llegaba a la mitad de la espalda, labios provocativos y sensuales, un busto que calculo era de talla 90, pues sus senos sobresalÃan cualquiera que fuera la ropa que tuviera puesta, pero lo que más llamaba la atención eran sus piernas, eran muslos redondos y gruesos, pero se cuidaba de no ponerse falta y hablo de cómo eran porque en una ocasión la observé con falda corta llegar rápidamente a su apartamento y bajarse de un vehÃculo de servicio público. Supongo que su marido no le permitÃa usar faldas como esas dado que nadie podÃa decir que no le excitaban tan lindas piernas. Eun una oportunidad, la pareja salÃa del edificio, al parecer con destino a alguna fiesta, pues iban elegantes y no pude sino contener mi erección cuando vi que Paola llevaba puesto un vestido extremadamente corto, y al bajar las gradas sus hermosas piernas se veÃan mucho más excitantes, estaban cubiertas por unas sensuales medias de seda. Note que mi deseo iba aumentando paulatinamente, pues esa noche, cuando su esposo sacaba el coche del garaje, Paola me saludó de una manera que me puso a pensar en lo que de pronto podÃa suceder.
Y para mi las cosas sucedieron más rápidamente de lo que pensé. Por razones de mi trabajo, debÃa viajar al terminal aéreo de Santiago, en donde portearÃa una mercancÃa con destino a ValparaÃso. Cuando me aprestaba a subir a mi vehÃculo, que parqueaba junto al del esposo de Paola, el esposo de ella me preguntó hacia donde viajaba y al manifestarle que al terminal, me dijo que él tenÃa programado un viaje al interior y que pensaba viajar en un autobús de servicio público, pero que si yo accedÃa podÃa llevar su vehÃculo y aprovechar para que Paola y sus hijos pudieran despedirlo. Acepte inmediatamente y el viaje no tuvo nada de especial, salvo el que por comentarios de él me enteré que tardarÃa al menos ocho dÃas en regresar, pues pensaba trasladarse hasta Viña del Mar y luego a Buenos Aires. Los pensamientos eróticos fluÃan en mi mente, aunque nada habÃa existido entre Paola y yo. El viaje de retorno fue llenándose poco a poco de ingredientes que aumentaban mi deseo y una incontenible erección de la que sin embargo Paola no se daba cuenta. Los niños dormÃan en la parte trasera del coche y Paola y yo viajamos en la parte delantera. Iniciamos un diálogo y no tarde en decirle que me parecÃa que era muy joven para la edad de su esposo, ante lo cual me dijo que habÃa aceptado casarse porque de ese modo aseguraba sus estudios en el futuro, ya que él era poseedor de una considerable fortuna. Nuestro diálogo se desarrolló después en los siguientes términos:
“Paola, no te hablaba solamente por tu juventud, pienso que de pronto tus relaciones con él no son las mejores. Tu me entiendes verdad ?. “Si Ud., se refiere a nuestra intimidad, debo ser sincera en manifestarle que nunca he quedado satisfecha, nuestras relaciones son esporádicas, me parece que a él ya se le está apagando la libido dÃa tras dÃa”. “Pero eres joven Paola, debÃas aprovechar el tiempo, especialmente cuando se presentan estas oportunidades”. Mi miró fijamente y creo que adivinó mis intenciones y no tardó en decirme: “Ud. creo que me esta proponiendo algo”. Ella fue directa y yo también “Hace mucho tiempo que te he observado, me pareces una mujer muy sensual, creo que estaba adivinando que no disfrutabas en tu matrimonio”. Coloque mi mano sobre su muslo, aunque esta vez ella llevaba un pantalón. Sin embargo, no hubo oposición, sino que simplemente volvió a observar si los niños continuaban durmiendo.
“Paola, te parece si hablamos hoy, pues estarás sola y yo no tengo nada pendiente”. Volvió a mirar a sus hijos y no tardo en responderme “Claro, yo tampoco hoy tengo que estudiar, sube Ud. a mi apartamento o bajo yo al suyo?” Le dije que lo que ella decidiera estarÃa bien, pero ya sabia que de ese dÃa no pasarÃan mis intenciones de hacerle el amor a esa joven y seductora mujer. Ella dijo que mejor yo fuera a su apartamento, porque los niños no aceptarÃan quedarse solos en el de ella.
Guardamos el vehÃculo, ya eran casi las 6 de la tarde. Acordamos que luego de un momento, yo subirÃa a su apartamento y asà lo hice. Al tocar el timbre Paola me abrió la puerta y no pude menos que asombrarme pues, como adivinando mis intenciones, se habÃa vestido con una blusa casi transparente blanca, que dejaba notar la redondez de sus senos y los pezones que sobresalÃan deliciosamente. Paola transpiraba sensualidad. Su falda era supercorta, color negra, por lo menos 25 CMS arriba de la rodilla, se habÃa puesto zapatillas de tacones y unas supersensuales medias veladas. Me recibió con un beso en la mejilla y ya se pueden imaginar mi erección.
Entramos a su apartamento y mi pregunta inicial era lógica: “Paola, que se hicieron los niños?”. “Desde que llegamos no han dejado de dormir, – me dijo – a todos les puse sus pijamas y duermen placidamente, de ellos no se preocupe ” me dijo mientras colocaba el seguro a la puerta de entrada y en forma disimulada desconectaba el teléfono. “Por favor, – le dije en tono de suplica – tutéame, creo ahora ya nos tenemos la suficiente confianza”. “Gracias, – me dijo – estaba incomoda con esa formalidad”.
Nos sentamos en la sala de estar, un acogedor rincón que daba a la calle de su apartamento, compuesto por unos mullidos muebles. Paola se sentó y su falda subió tremendamente, sin que ella hiciera ningún esfuerzo por volver a bajarla. Yo hice lo mismo y en ese momento, y ella lo sabia, yo me dedique a admirar sus hermosas piernas, las mismas que Paola cruzó, hasta el punto de que su panty quedaba casi a la vista. “Te provoca tomar algo?”. “Gracias, te parece un vino?” “No, mejor tomemos una champaña que hace dÃas la tengo en el refrigerador”. Fue por la botella, volvió a sentarse con los mismos y deliciosos efectos anteriores y me ofreció una copa. Luego de 3 o 4 copas más, los dos estábamos a punto de iniciar algo. “Vamos a la alcoba, los dos somos adultos y sabemos para que estamos aquÔ me dijo. “Claro, pero déjame decirte algo” le dije mientras acerque mi boca hacia la de ella, bebiendo de sus labios la champaña que aún tenia en sus labios, “Dime”. “Paola, hoy, esta noche, toda la noche, quiero hacerte el amor, como seguramente nadie te lo ha hecho, quiero disfrutar de cada centÃmetro de tu cuerpo, hacerte gemir de placer, hacerte sentir todo el deseo sexual que ha estado reprimido”. “Yo también tengo ganas de hacerlo”, me dijo “Sabes que hace rato no disfruto de un buen momento de sexo, quiero sentir lo que no he sentido en años” mientras su mano, sin tapujos, se colocó encima del bulto que ya sobresalÃa entre mi pantalón.
Me tomó de la mano y me llevó a su alcoba, no sin antes pasar por la de los niños y constatar que efectivamente estaban durmiendo placidamente. Era una cama ancha, mullida como los muebles de la sala de estar, creo que se estaba desperdiciando con las sesiones flácidas de sexo (si puede llamarse asà entre Paola y su marido). Paola se sentó en la cama y yo hice lo mismo, puse mis manos en sus piernas y me dedique a sobarlas mientras la besaba en el cuelo, en la boca, en sus orejas, ella se retorcÃa, habÃa colocado sus manos hacia atrás y se mantenÃa inmóvil dejándome hacer lo que yo quisiera. Introduje mi lengua en su boca y aproveché para masajear sus senos, encima de la blusa.”No crees que es mejor que nos quitemos la ropa” me dijo. “Si, pero déjate el brasier y la falda, me excita mucho mas verte asÔ. Se sacó su blusa y esos melones apenas si cabÃan en un brasier blanco, de encaje. Ya sus pezones estaban muy duros porque yo los habÃa besado por encima. Se quitó las medias de encaje, y se dejó su falda negra, su mini, su cortisima falda que tanto me habÃa excitado en momentos anteriores. Sin embargo, se quitó su panty, ella sabÃa y querÃa que yo la penetrara.
Nos metimos bajo las cobijas, la bese apasionadamente, chupe sus senos hasta hacerla gemir, y mientras yo lo hacÃa, ella bajó su mano y agarró mi verga que estaba húmeda, y comenzó a masturbarme, el placer que yo sentÃa era inmenso, pero Paola me advirtió ” No quiero que botes el semen, quiero que me lo des todo, y no te preocupes hace 2 años, luego de mi tercer hijo, me sometà a una cirugÃa y estoy impedida para concebir”. Eso me excitó mas, ya casi el semen se me salÃa, pero se me ocurrió algo. “Paola – le dije – quieres que te penetre muy delicioso?”. “siiiiiiiiiiiiii” respondió. “Te doy una idea, porque no pones tu lengua en mi verga y la ensalivas ?. Asà quedara muy lubricada para penetrarte como quieres”.
Casi no me deja terminar la frase, cuando se metió bajo las cobijas y al bajar tomo mi verga entre sus manos y comenzó a darle besos cortos, a colocar su lengua en la punta, luego la ensalivó, muchÃsimo, al liquido que me lubricaba a mi se unió su saliva para lograr una excelente lubricación. Paola tampoco aguantó, tiró las cobijas a un lado y abrió sus piernas subiendo al tope su minifalda “Penetrame papito, penetrame ya, no aguanto, quiero sentirte todo” Paola tomó nuevamente mi verga y ella misma la condujo a la entrada de su coño, yo no hice sino empujar y la penetré de manera tan deliciosa y lubricada que pensé en ese momento que casi inmediatamente derramarÃa mi semen. “Demorate – me dijo – me prometiste placer, hazme tuya y disfrútame, yo también quiero disfrutarte” y alzó sus pezones para que yo se los chupara mientras la bombeaba. Paola gemÃa, se retorcÃa tan fuerte que creà que mi verga se iba a salir.
Ella subÃa y bajaba sus caderas y eso aumentaba mi placer y el suyo. “Paola, quiero darte todo mi semen” le dije, y para mi sorpresa Paola me dijo “Aun no, espera” y sacó mi verga para voltearse y ofrecerme su culo hermoso y redondo. “Hazme por ahÃ, lubricame tu ahora” me dijo y yo le coloque la verga a la entrada de su culo y, sin penetrarla, la llené de liquido y de saliva que ella misma habÃa puesto en mi verga. Nuevamente se volteó, parecÃa una fiera, me exigÃa, “Ahora papi, ahora, ahora, penetrame nuevamente y dame tu semen”, mis manos en sus senos, mi boca en sus labios y mientras ella con sus manos me apretaba mucho más hacia ella, me derrame a borbotones, y sentà el placer que hace mucho tiempo no sentÃa, la llene de semen, ella movÃa su culo como queriéndome exprimir, para que me pedÃa mas semen, pero yo ya se lo habÃa echado todo.
AsÃ, permanecimos dormidos hasta el otro dÃa, yo encima de ella, y Paola ni siquiera quiso moverse mientras uno de sus hijos golpeaba inútilmente la puerta y que al no ser escuchado optó por devolverse a su habitación. Cuando amaneció y la luz entró por la ventana, fue Paola quien nuevamente dirigió mi verga hacia su coño y me beso, ya pueden imaginar lo que volvió a suceder con Paola, esposa joven y seductora, una dulzura en la cama. Mientras tanto, su esposo seguirÃa en sus cuestiones de negocios. No imaginarÃa nunca lo que yo hice gozar a su deliciosa mujer.